miércoles, mayo 10, 2006

Mamá Nina

¿Qué escribir sobre una fecha dedicada para festejar a las madres? ¿Qué escribir sobre las celebraciones que no me gustan? ¿Qué escribir cuando un día de homenaje se traduce en consumismo casi obligado? ¿Cómo explicar los sentimientos guardados? No, definitivamente no me gusta el día. Considero que debemos de honrar a nuestras madres cada día de nuestra vida.

Alguien me preguntó la razón del porque no me gusta el 10 de mayo y sin dar respuestas, guardé silencio, deseando yo misma, saber mis verdaderos motivos. Quise justificar que a lo mejor era por las mujeres que han formado un hogar y en muchos intentos no han podido ser madres, por las madres que están encarceladas pagando sus errores o la injusticia de otros, por las madres que han abandonado a sus hijos, por las madres hospitalizadas, por las madres maltratadas, por las madres que viven en los asilos, por las madres que les han robado o secuestrado un hijo, y por las madres que han llorado ante el féretro de un hijo. Al llegar a este último punto, fue cuando recordé mi niñez.

Fui testigo de cómo un 10 de mayo, alguien querido, recibió un telegrama, ella pensó que era una felicitación sin imaginar que leería la noticia en breves letras de la muerte de su hijo. A partir de ese año, ningún 10 de mayo fue igual para ella y tampoco para mí. Aprendí que debía yo de quererla más y suplir su dolor. Ella se encargaba de cuidar mis tardes, velar mis sueños y enseñarme los proverbios de Salomón. Continuamente me leía: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Da ella bien y no mal todos los días de su vida. Con voluntad trabaja con sus manos. Alarga su mano al pobre y extiende su mano al menesteroso. Se ríe de lo porvenir. Abre su boca con sabiduría y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada. Muchas mujeres hicieron el bien, más tú sobrepasas a todas”.

Hubiera deseado tener su rostro y su carisma, pero la contemplo día a día a través de mi Bethania y en la paciencia y caminar de mi madre.

Ojos azules, cabeza plateada, tez apiñonada, dulce sonrisa, pequeña en estatura, grande en corazón, enorme en su fe, asidua lectora de la Biblia, fuerte en sus oraciones, inteligente sin profesión, tejedora de historias, ocurrente con sus chistes, radioescucha cada mañana, amiga de los perros, querida por todos, alegre por convicción. Contaba con cuatro hijos, seis nietos y un ángel llamado David. Ella fue mi abuela materna, su nombre era Selina y de cariño, siempre la nombré: Mamá Nina.





15 comentarios:

Elisa de Cremona dijo...

qué triste

Bohemia dijo...

Las fechas especiales dejan de tener sentido cuando algo las ensombrece.
Abrazos cielo!

Pedro (Glup) dijo...

Emocionante.
Muchas gracias.

≈Gr¥§εL≈ dijo...

He llegado a tu blog, por casualidad, y garcias a ella he encontrado palabras inteligentes, y una ventana mas para perderme conociento a otros.
Tienes razon, no hay que honrar a las madres solo un dia al año, sino siempre.
Es muy triste que en una fecha en que todos estan celebrando,alguien recuerde una perdida tan fatal, como la es la de un hijo.
Por aqui seguire leyendo..
Besos

Raphaela dijo...

Todos tenemos nuestros ángeles custodios, sus fé nos mueve por distintos parámetros...
Hay distintos círculos por los que se mueven o habitan, algunos se reconocen y otro esperan el momento oportuno para aparecer en entre los humanos y transitar...
Hermosa analogía Mamá Nina... ¡Clarice!
Tu correo tiene un nuevo mensaje...
Lo has leído... ¿Puedes contestar en mis páginas?.
Un beso Clarice...
Los aromas al café se vierten con inteligencia... El azúcar los endulza y las tertulias son más exquisitas, esta vez en su lugar de origen...

Roberto dijo...

A Mamá Nina le habría gustado leer esto. Donde está, si tiene conexión, cosa que no dudo, se alegrará de leer que la recuerdas con tanto cariño.

José Antonio Galloso dijo...

Un homenaje sublime para todas nuestras mamá Ninas
Besos

Cursivas dijo...

Creo que el impulso de la vida no tiene palabras, ni dimensiones.

Tal vez la madre sea lo más cercano a ello, y tu post, lo que mejor lo describe.

Un abrazo.

Ana C. dijo...

Dulce y amargo, como la vida, llena de sobresaltos.

Clarice, muy bonito. Un...

Acariciar
Besar
Reir
Amar
Zarpar
Orar

Margarida V dijo...

yo perdi mi mama hace 12 años y la echo de menos todos los dias y no solo el dia de la madre.

Irarrazabal dijo...

Mis respetos a Mamá Nina y a ti. Cualquier otra cosa estaria demás.

Piel dijo...

Que hermoso es (que a pesar de no celebrarlo)nos regales un mensaje lleno de amor y vida.

Gracias por la confidiencia, me la llevo conmigo.

Te dejo un beso fraterno.


P.D. Gracias por tu caricia en mi Piel.

Héctor Jorquera dijo...

Lindo regalo Clarice, me crié con mi abuela paterna, María y las abues son enormes, portentosas, son toda la ternura y la fuerza que uno jamás sopsecha para sí mismo. Nina, María o Astrid, las abuelas reparan lo que las madres a veces no pudieron o no supieron... abrazos desde el Sur

resonANSIAS MAGneticas dijo...

Clarice, lo expresas de una manera que se siente y en algunos momentos pone la piel de gallina. Estoy de acuerdo con el comentario Hector.

Un saludo.

marichuy dijo...

Hermosos recuerdos para tu adorada Abuela, Eva. Me recuerdas a la mía, que no tenía ojos azules sino negros.

Un abrazo

PS Nunca me he sentido bien con el festejo del 10 de mayo