domingo, enero 24, 2016

La vida

Yo creo que la vida es un constante ataque de oso; un ataque de frío. Y luego, vienen los veranos. Yo de pronto tengo amigos que están ahorita batallando contra el cáncer, por ejemplo. Una batalla contra un cáncer es el ataque del oso más grande que puede haber, y yo creo que el más difícil, porque el ataque del oso dura cinco minutos; el cáncer es un oso mucho más cabrón. Todos sufrimos a lo largo de esta jungla que es la vida cambios de clima tanto del corazón como externos. La vida es ese viaje donde de pronto hay ataques inesperados, y nos marca la forma en la que los abordamos, lo que hacemos para sobrevivir.

Alejandro González Iñárritu


viernes, enero 01, 2016

Bienvenido 2016

Pintura de Vicent Van Gogh
Con hilo de oro bordo un punto de abeja: Viva Hoy.
Clarice Lispector

Cuando era niña pensaba que era imposible llegar al año 2000. También pensaba que solamente ese año existía en las películas. Sí, el cine era un motor que influenciaba a ser más ingenua e imaginativa, entre otras cosas. No podía creer que la tecnología avanzaría. Y era un sueño que el hombre pisara la Luna. Las historias de Julio Verne o Ray Bradbury eran una verdadera fantasía. Y se pasaron los años y llegó el 2000. Cada final de año ha sido diferente, unos más bonitos que otros. Siempre trato de recordarlos, pero ya no es tan fácil. Llegan flashazos y realizo una ensalada con los instantes inolvidables. Anoche, de repente, me vino un derroche de felicidad. Era como si fuera a nacer de nuevo con una nueva vida. Quería una canción que me significara para cerrar la noche del 2015,  pero escuché muchas canciones y ninguna pude elegir. Quería escribir pero mis pensamientos estaban desordenados. Aunque esto es común en mí. Entonces en mi barrio se incendió el fuego y el cielo se estrelló. ¡2016! No podía creer que estaba tocando un nuevo año llamado 2016. Y mi felicidad se transformó en silencio y recordé la canción “Hoy puede ser un gran día”.

Bienvenido 2016 y que la Fuerza nos acompañe.



miércoles, diciembre 30, 2015

Hasta siempre, 2015

Foto: Bethania
Mientras escribo gotean los minutos irreversibles. Es el Tiempo que pasa.
Clarice Lispector

En el mes de enero de este año, vi Siempre Alice (2014). Un tema basado en la novela de Lisa Genova y que, después de ver la película, compré el libro.  El tema me impactó ya que mi ignorancia creyó que el Alzhéimer les daba a las personas ancianas y ajenas a la lectura, entre otras cosas. Hubo un diálogo que me impresionó cuando la protagonista (Julianne Moore) le dijo a su esposo (Alec Baldwin): “Mejor me hubiera dado cáncer y no alzhéimer. Con el cáncer provocas lástima pero con el alzhéimer provocas vergüenza”. Recuerdo que anduve varios días pensando en esa declaración. No lograba comprender por qué me hizo tanto efecto. Yo qué iba a saber en que ese mismo mes,  mi madre iba a ser diagnosticada por un neurólogo y yo diagnosticada por un oncólogo. Obviamente el dolor fue doble.

Y así se pasó todo este año 2015, entre la adversidad y la victoria. Me queda claro que hay mucha gente que ha pasado por dificultades peores. He conocido gente que ha sobrevivido ante una larga adversidad, pero mi amiga Alba, la actriz, me dijo que no minimizara mi cuerpo. Y pues entendí que cada quién actúa cómo le va con sus propios dolores. Unos se quedan callados y no se quejan; otros, usamos la escritura para liberarnos. Aunque yo la usé demasiado tarde con este asunto.

A veces pienso que cuando inicie el año 2016, olvidaré todo lo que pasó en 2015. O que nunca más volveré hablar del tema. Pero no quiero olvidar. Simplemente no recordaré con dolor, sino con alegría porque Dios tuvo misericordia de mí y me enseñó a contar mis días. Recibí un gran aprendizaje significativo con toda la gente que llegó a mi camino y con cada detalle insignificante. En el infortunio aprendí, crecí y valoré más la vida. Y, sobre todo, constaté que Dios cumplió sus promesas en mi vida.

No quiero tener miedo ante el nuevo año. Sé que me espera un gran reto laboral, aparte de cuidar mi cuerpo. Pero seguiré sostenida de la mano de Dios.

Mi deseo es que cada persona viva con plenitud y levante su rostro al cielo. Estoy segura que siempre encontrará un horizonte.

martes, diciembre 29, 2015

Mi madre y yo


Nunca se sabe de qué geografía proceden los recuerdos secretos.
Juan Cruz


A la mayoría de los hijos no nos enseñan que la mayoría de nuestros padres van a envejecer. Solamente vivimos con la ternura de los abuelos. Creemos que nuestros padres serán eternos o que nunca perderán la lucidez. Y cuando nos vemos en el espejo y miramos que nuestro rostro tiene una ligera arruga o en nuestros cabellos encontramos una cana o nuestro cuerpo empieza a doler,  recordamos que estamos con otra edad.

Últimamente tengo el sueño recurrente que mi madre tiene 42 años. Edad, no estoy segura,  en que decidió empezar de cero con sus dos hijos. Era fuerte e hiperactiva. No sé cómo con ese cuerpo pequeño y frágil pudiera tener tanta entereza para cualquier problema. De ella aprendí a ser trabajadora y a luchar por mis objetivos. Y aunque me tenía en un reino muy dominante, finalmente pude salirme del redil y, aun así, seguía ese cordón que nos ataba. Todavía no olvido las palabras que me dijo cuando nació mi hija: “Los errores que cometí contigo no los repitas con Bethania”. Uf, qué declaración tan sabia. A la fecha, trato de no repetir la historia con mi hija. Pero tampoco nos enseñan a ser padres.

Mi madre logró la mayoría de sus sueños: tener dinero, comprar muchísimos zapatos, viajar, estudiar, escribir y mirar a sus hijos con sus propios éxitos. Si mi madre dejó cuatro libros publicados en el área que se desempañaba como docente en la Universidad y era una lectora asidua, ¿por qué a su cerebro le llegó el Alzhéimer? Sólo Dios sabe la razón.

Mi madre y yo fuimos diferentes. No teníamos la misma forma de pensar, por lo tanto, había discusiones. Tan normales en cualquier familia. Quizá a mí me faltó más inteligencia emocional y prudencia, pero era una rebelde que deseaba tener el poder. Pero también coincidíamos en varias cosas. Nos gustaba ir a comer a los restaurantes; nos gustaba tomar café en las tardes, caminar y mirar el mar. Me reía de sus anécdotas más chistosas originadas por sus despistes o de su amor por los camellos. Siempre admiré su intrepidez por lograr lo que se proponía. Y podía contar más. Nunca olvidaré que me heredó su fe. Y por esa herencia, ella y yo, llegamos a firmar un pacto. Me alegra que fue a tiempo, cuando su cabeza estaba en orden. Mi madre y yo, no nos debemos nada. Conocimos la paz y nos cedimos el reino del poder.

Ahora extraño a mi madre, la necesito, pero la quiero lúcida y vivaz. Este año que ha sido el más difícil de mi vida, me sentí huérfana. Mi madre ya no estuvo conmigo mientras mi cuerpo sufría, ni me dio palabras de aliento y esperanza. A la mitad del año, ella se enfermó y me tocó cuidarla en un hospital. En el transcurso de la vida, la cuidé muchas veces, pero esta vez fue diferente porque los médicos me dijeron que moriría. Recuerdo la oración que hice para entregarla a Dios. Recuerdo su mano sobre la mía diciéndome: perdóname. Recuerdo la dolencia de mi cuerpo. Recuerdo, todavía, recuerdo mucho. Pero mi madre sobrevivió y sigue con vida. Sólo Dios sabe la razón.

Los papeles cambiaron. Ahora, desde mi ciudad, telefónicamente tengo que decirle palabras gratas y de ánimo. Escucharla con tranquilidad aunque me repita diez veces lo mismo en una media hora de conversación. Ya no puedo contarle mis agobios o mis sueños o preguntarle cómo realizo algo para mi trabajo.

Mi madre, que fue de calendarios, sigue aferrada al tiempo, al día, a la hora y a su mundo. Y está muy emocionada por su cumpleaños. Sí, mi madre cumple 83 años. Todavía se acuerda de mí.

jueves, octubre 15, 2015

¿Gallo o despertador?

Pintura de Marc Chagall


De qué susto están hechos mis latidos en los momentos en que se escucha un gallo misterioso y el cielo es un azul de lactancia que conmueve.
José Barroeta

¿Qué elegirías para despertar: un gallo o un despertador? Quizá ninguno de los dos. Quién no quiere dormir un poquito más, sobre todo, cuando el sueño se encuentra ubicado en un mar lejano. 

Puedo recordar los pocos despertadores y sus horrorosos sonidos, aunque también recuerdo algún gracioso. Actualmente, cuando es necesario, uso el despertador de mi celular, pero es tan suave su despertar que me confundo con mi propio despertar. En este año, no ha sido necesario usar el despertador; simplemente dejé de cerrar la cortina de mi gran ventana y la pura claridad del nuevo día me despierta. Ah, qué emoción es mirar el paisaje interior desde mi cama.

Hasta que llegó el gallo del vecino. Al principio fue novedoso, pero con el transcurrir de los meses, llegué al límite de no soportar al gallo. Casi todo el día ‘canta’ y quizá en la tarde duerme. A las  cuatro o cinco de la mañana, despierta tan campante que hay madrugadas que lo saboreo en un caldo y luego me arrepiento.

Cada día me gusta más el silencio y soy afortunada del lugar que habito. Estoy rodeada de tanta naturaleza que el canto de los pájaros son el concierto diario. Por lo tanto, escribo esto para ya no quejarme del gallo, ni de las gallinas y, valorar que no escucho ruido de autobuses ni trenes ni escándalos que alteren mis oídos. 

Para calmarme, miré el mundo mágico de Chagall y leí nuevamente Una gallina de Clarice Lispector.



viernes, agosto 21, 2015

La fotobiografía de Clarice

Foto: Graciela Barrera


Si recibo un regalo dado con cariño 
por una persona que no me gusta,
¿cómo se llama lo que siento?
Clarice Lispector


Siempre he dicho que regalar un libro es un acto de amor.  Y qué decir cuando alguien nos regala el libro deseado. Cuántas veces he pasado por esta gracia. 

Me regalaron La fotobiografía de Clarice Lispector, narrativa visual de 635 páginas realizada por Nadia Battella Gotlib. Una chulada de libro que se saborea lentamente, mirando fotos de la escritora y conociendo lo más significativo de la historia de su vida y obra literaria.

Es un libro que me ha dado mucha alegría. Y fue dado con mucho cariño por una persona que me gusta mucho.



domingo, agosto 16, 2015

Diez años de atrevimiento

Pintura de Jean Peské



Queda mucho por contar
Mas hay algo que será indispensable decir.
Clarice Lispector

Hace diez años escribí: Escribir es cuestión de atrevimiento. Me detengo en la frase y sigo creyéndolo. Tan así que se han pasado diez años y yo sigo atrevida con la pluma que me da libertad.  ¿Que por qué escribo? Escribo para contarme la vida. Y este blog ha sido mi diario. Pero un diario en donde no está toda mi vida, ni creo que la esté. Porque de repente la garganta o el estómago duele para escribir todo aquello que no se quiere que tenga un destinatario. Entonces se queda la vida en un cajón cerrado o en el bote de basura o en la memoria que también sabe olvidar.

Celebro diez años que han sido un oleaje: a veces leve, a veces agitado, a veces profundo. Pero lo más maravilloso es haber encontrado lectores que se transformaron en amigos. Algunos ya nos hemos abrazado y otros, aún tenemos la esperanza que algún día brindaremos. Las letras nos han unido sin distancias.

Muchas gracias por detenerse en mi alfabeto.


viernes, agosto 07, 2015

Gracias, Caetano



Gracias, Caetano, por abrazarme tanto. Pienso lo mismo que tú: “Siento mucha falta de aquella alegría espontánea del cuerpo de una persona joven. Creo que es algo que todo el mundo siente cuando envejece. Y ventajas… Hay cierta ventaja en no tener que prestar mucha atención a lo que los otros piensan de ti porque ya no estás construyendo una personalidad”.

Y con frecuencia recuerdo tu declaración: De cerca, nadie es normal.

¡Feliz cumpleaños!