lunes, mayo 04, 2015

Parece que cicatriza

Foto: Graciela Barrera


Los escritores se mueven por la delgada línea de la desesperanza,
expuestos a perder el equilibrio en cualquier momento.
Miguel Sanfeliu


Para mí sería fantástico comentar todos los libros que leo, pero no me resulta tarea fácil. Sin embargo, tengo que detenerme ante Miguel Sanfeliu, simplemente porque es mi amigo. Lo conocí cuando escribía y escribía y escribía en la espera de que algún día sus letras se transformarían en libros. Aunque ya publicaba en diversas revistas y libros colectivos. A la vez, gestiona su blog Cierta Distancia. Tampoco olvido que me compartió el Hay Festival de su país, cuando en aquél entonces no creía que llegaría a mi ciudad y, llegó, pero por desgracia, después de cuatro años, se canceló. También me une el sentimiento que Miguel fue el puente para mi encuentro con mi admirado Juan Cruz en el primer Hay. Y así podría contar más detalles. Me tocó el privilegio de ver nacer sus libros: Anónimos (Traspiés, 2009- Col. Vagamundos), Los pequeños placeres (Paréntesis, 2011) y Gente que nunca existió (E.d.a. libros, 2012). Parece que cicatriza (Talentura, 2014) es el cuarto y éste en especial tiene un gran significado para mí. Primero, porque llegó un día antes de la celebración del libro; segundo, porque me lo llevé a la clínica creyendo que podría leerlo. Solamente llegué a la página 34 y no fue posible continuarlo por la inmovilidad vivida. Y tercero, porque ya en casa, en una tarde nublada y friolenta de domingo, decidí leerlo desde el principio hasta no parar. El reto era no perder la concentración ante el antecedente que tuve debido a la adversidad. En realidad, no tuve problemas, el libro me atrapó desde el inicio hasta el final. ¿Dos tazas de café? Creo que sí. Una interrupción telefónica, también. Un respiro deseado ante el bambú y continué con la lectura. Me identifiqué con el inicio de la historia porque es casi la misma que vivió mi hermano y yo en ese entonces era una testigo adolescente de la situación. Continué y me detuve ante un párrafo que me hizo reír mucho, obviamente lo subrayé. Y seguí hasta que sentí las venas de Roberto Ponce, el personaje. El hombre que desea ser escritor, que cada día lucha por dejar una letra trascendente y parece que es una batalla ante lo imposible. (Pensé en todos aquellos que han sufrido por escribir una novela, por todo lo que pasan por cumplir un sueño que entre más cerca lo tienen se vuelve lejano). Él se resigna creyendo que no sabe escribir y se convierte en otro. Me agobio al verlo cuántas historias imagina y no puede concretarlas ante la hoja en blanco. Quiere explicarle al mundo que tiene muchos motivos para escribir. Que escribir no es un hobby, escribir es su vida. Que nadie lo interrumpa para escribir. Que ama la literatura. Que todavía le falta mucho por leer. Que los años se pasan. Pero Roberto Ponce no avanza, ni sus interminables relatos interesantes. Me impactó cuando declaró: “La literatura es una herida que permanece abierta, sangrando, y aunque llega un momento en que parece que cicatriza, se trata tan solo de una ilusión, nunca se cierra, quien está herido de la literatura nunca llega a curarse”. A la vuelta de los años, mira sus escritos y sabe que no puede arrojar sus hojas inconclusas porque sería la muerte. Reflexiono y recuerdo que, en algún momento, los sueños siguen alimentándose en nuestro interior. Y… parece que cicatrizo.


jueves, abril 23, 2015

Si no leo, no tengo futuro

Imagen tomada de internet



 Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro.
Salmista David



En la primera semana de enero leí El mapa y el territorio  de Michel Houellebecq. Después de este libro me esperaban otros. Pero no pude continuar con la lectura. Y sufrí. Nunca había experimentado leer un libro y sentir que no leía nada. Leía la primera hoja, daba la vuelta a la segunda y tenía que volver a la primera. No lograba comprender lo que leía. Pensé que la historia no me había atrapado y cambié de libro. Pasó lo mismo. Intenté con un tercero y no logré nada. No sabía lo que me pasaba. Como si estuviera bloqueada para leer, como si las letras fueran un idioma incomprensible. Contemplé los libreros de mi casa, creí que eran inalcanzables. Me puse triste y lloré.  Recordé que en años pasados tuve épocas en que no leía con la frecuencia acostumbrada, y sentí pesar por ese tiempo perdido. Pero también recordé que me había hecho la promesa de no dejar de leer. Simplemente porque quería crecer. Pasaban los días y no podía leer mis libros elegidos. Hasta que comprendí que la adversidad es poderosa para robar la concentración. Perdí la concentración de la lectura por cuatro meses. Pensé que no volvería a poder leer. En esos cuatro meses, pasó algo curioso: sólo podía leer la Biblia. Es como si mi ceguera se hubiera convertido en luz. Quizá Dios deseaba que leyera su libro para que le creyera, confiara y supiera que podía vencer mi adversidad. Y su palabra fue penetrante. Fue una lámpara en mi oscuro sufrimiento. Leer la Biblia es también leer mil libros. Ahora ya puedo leer libros normalmente y seguir viajando a través de las manos de los autores. Me alegra tanto. Cuando leo me dan más ganas de vivir. Leer es un acto de amor y es necesario escribirlo.



lunes, abril 20, 2015

Abril del 72

Foto: Graciela Barrera



Mejores son dos que uno; porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. 
También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?
Uno solo puede ser vencido pero dos pueden resistir. Y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

Salomón


viernes, enero 02, 2015

El primer día

Foto: Graciela Barrera



En el primer día del año, miró el mar por penúltima vez. Descubrió que en el mar nacen árboles. Piensa que un mar sin árboles no es mar. 

La muerte es impertinente con ciertas fechas. ¿Quién desea estar en un funeral el primer día del año? La muerte se ríe. El ataúd huele a flores y lágrimas. No hay mayor consolación que un largo abrazo y permanecer al lado del ser querido sin ningún reloj. La esperanza no se encontrará en una tumba. 

Nebraska de Alexander Payne es la primera película que eligió. Nuevamente se conmovió de ver otra vida más en blanco y negro. No hay color para la desgracia y reflexión.

¿Qué es la niebla ante el silencio herido?

Viajar no lo hace más hermosa, pero sí más fuerte.

Antes de dormir, cerró los ojos para escribir: mucha gente no se da cuenta que puede perderlo todo a causa de la ira de su lengua.


jueves, enero 01, 2015

Bienvenido 2015

Imagen de Fred Calleri


Repito por pura alegría de vivir: la salvación llega a través del riesgo, sin el cual la vida no la vale la pena. 

Feliz año nuevo. 

Clarice Lispector