domingo, octubre 15, 2006

Entrevista a Carlos Manzano

Entrevista realizada en octubre 2007.

¿Cómo surgen tus inicios en la escritura?

No sé si puede señalarse un instante concreto en que decido dedicarme a escribir. En realidad, siempre me ha atraído el mundo de la creación. Llevo haciendo fotografías desde hace mucho y en mi más temprana adolescencia ya intenté algo parecido a la escritura. Incluso he llegado a rodar un par de cortometrajes en video, aunque vistos los pobres resultados comprendí que ese no era mi terreno. En un momento dado, volví de nuevo a retomar la escritura y tuve la suerte de que mi primer intento serio, “Las fuentes del Nilo”, quedase finalista en un premio literario. Eso me dio ánimos y decidí hacer alguna prueba más. La publicación de “Fósforos en manos de unos niños” fue el segundo estímulo importante a mi carrera.

¿Qué sensaciones te provoca escribir?

En algún momento he dicho que escribir, para mí, es como jugar a ser dios: creas de la nada un mundo nuevo y único, unos seres particulares a los que dotas de sueños, de deseos, de miedos, de pasiones, a los que mueves en una dirección o en otra, en los que viertes tus fobias, tus odios, tus temores, todo ese mundo interno tan escasamente racional, y sobre los que en algún momento incluso descargas algo de tu ira; escribir es, en ese sentido, un ejercicio catártico muy saludable. Además, siempre me ha interesado penetrar el alma insondable del ser humano. Escribir es una forma magnífica de llegar a conocer tu propia especie.

¿Qué tipos de historia te gusta contar?

Siempre me han interesado las historias donde los personajes son lo fundamental. No busco impresionar al lector ni servirle de mero entretenimiento. Me gustaría destapar la parte más profunda y esquiva de cada uno de nosotros, sacar a la luz lo que de verdad somos, qué hay más allá de la coraza que nos oculta y nos protege. Creo que cualquier historia que ponga a los personajes frente a ellos mismos, sin trivialidades ni subterfugios, puede ser una buena historia.

¿Qué te ha dejado la literatura?

Podría decir que placer. A diferencia de otros escritores para quienes la escritura es una suerte de sufrimiento, yo disfruto mucho inventando historias. Lógicamente, no se trata de escribir por escribir, sino de dotar de sentido a lo que cuentas y de hacerlo además de una manera literaria. Pero me gusta mucho idear historias. En este sentido, creo que, más que escritor, podría considerarme narrador.

¿Cuáles son los escritores que te han influenciado de mayor manera?

Yo me inicié en la lectura con los grandes maestros del boom hispanoamericano: García Márquez, Vargas Llosa, José Donoso, Bryce Echenique... Después fui ampliando el radio hasta alcanzar muchos otros autores: Faulkner, Pavese, Yourcenar... Pero no soy un lector repetitivo: me gusta variar mis lecturas, bucear en autores desconocidos, llegar hasta lo que no conozco. De todos modos, no sabría dónde situar mis influencias. En este momento de mi vida, podría decir que disfruto mucho leyendo a Philip Roth y J.M. Coetzee, por ejemplo, o a Vila-Matas y Bolaño, por citar a dos autores que escriben en español.

Has escrito tres novelas, cuéntame brevemente de ellas, ¿cómo nacieron?

En realidad he escrito más cosas, tengo varios relatos y alguna que otra novela pendiente de publicación. “Las fuentes del Nilo” fue el primer intento serio. Quería hacer una historia sobre el pasado, sobre el deseo de romper con lo que hemos sido y empezar de nuevo, desde cero, sin ninguna ligadura innecesaria, y sobre si eso puede ser realmente posible. La mandé a dos concursos y en uno de ellos quedó finalista, lo cual me animó mucho a continuar en este camino. Luego vino “Fósforos en manos de unos niños”; me salió una historia mucho más dura, cruel a veces, sin concesiones de ninguna clase. La volví a mandar al mismo concurso en el que había quedado finalista dos años antes pero esta vez no obtuvo ningún premio, aunque se ve que gustó a la editorial y se ofrecieron a publicarla. Un poco antes de empezar esta segunda novela ya había escrito las primeras páginas de “Vivir para nada”, novela que dejé a medias hasta que, hace un par de años, la retomé de nuevo y le di el toque definitivo. Ahora va a convertirse en mi segunda novela publicada, en esta ocasión con Mira Editores. Tengo también algunas cosas más acabadas y en este instante estoy terminando una nueva novela, que me gustaría tener finalizada antes de fin de año. Pero casi siempre estoy escribiendo algo.

¿Hay relación entre una y otra?

En principio cada novela está pensada independientemente una de otra. Supongo que habrá elementos comunes en todas ellas, puede incluso que la manera de abordar cada historia tenga más semejanzas de lo que yo mismo soy capaz de advertir. No obstante, esa es una tarea que debería corresponder a otros. Yo soy incapaz de encontrar la distancia suficiente para ver mis trabajos como algo objetivo, neutral, ajeno por completo a mí.

¿Estás satisfecho con tus libros?

Siempre he creído que no hay peor crítico que uno mismo. No sé si algo de lo que he escrito hasta ahora merece realmente la pena. Cuando acabo de escribir una novela o un relato me suelo sentir muy contento de lo que he hecho, pero cuando lo reviso al cabo del tiempo no puedo dejar de observar fallos, incoherencias de estilo, errores continuos que llegan a hacer que me sienta incómodo con el resultado. Soy una persona insegura, y para colmo no hago más que leer a magníficos escritores que me dan mil vueltas. Supongo que nunca conseguiré nada que me satisfaga de verdad, pero es algo que debo asumir como parte de mi forma de ser: la insatisfacción permanente.

¿El gusto por la fotografía a qué se debe?

Como he dicho antes, siempre me he sentido inclinado por el mundo de la creación en cualquiera de sus facetas, pero creo que me animé a tomarme la fotografía en serio a raíz de mis primeros viajes. Sentía la necesidad inexplicable de conservar para siempre algunos momentos espléndidos, ciertos lugares que iba descubriendo y que me parecían magníficos, de llevármelos de vuelta conmigo. Creo que eso es de alguna manera inherente a nuestro carácter temporal: la urgencia por conservar el pasado, por hacer imborrable lo efímero. Esa es también una de las razones por las que todos hacemos fotos. Sin embargo, pronto empecé a ser consciente de que lo que hacía especial cada momento no era el espacio ni el ambiente, sino las sensaciones que me transmitían. Entonces me dediqué a hacer una fotografía más personal, en donde lo importante no era captar lo que veía con los ojos sino lo que había dentro de mí. Es entonces cuando mis fotografías pasaron a tener una dimensión más “creativa”, por decirlo de alguna forma.

¿Cuáles son los fotógrafos que te han influenciado?

Me pasa un poco como con la lectura, soy poco dado a buscar influencias o a elegir mitos a los que parecerme. Además, sucede que el trabajo de los fotógrafos que más me gustan (Joel-Peter Witkin, Alberto García-Alix, Jan Saudek) tiene muy poco que ver con lo que yo hago. Mi aprendizaje fotográfico ha sido bastante ecléctico.

¿Cuál es el vínculo entre tus fotografías y tus textos?

No lo sé. Supongo que ambos responden a una misma necesidad interior, pero no sabría encontrar conexiones formales entre mis escritos y mis imágenes. Las fotografías son más intuitivas, son como pequeñas explosiones internas, primero disparo y después veo lo que he hecho; la narración exige un trabajo más concienzudo, más elaborado, queda poco lugar para la espontaneidad, todo ha de ser más medido.

¿Con qué te quedarías si te dieran a elegir: la cámara o la pluma?

Partiendo de que se trata de una pregunta hipotética que en realidad quiere saber cuál de estas dos actividades es más importante para mí, diría que, en este momento concreto de mi vida, quizá me sienta más vinculado a la narrativa, sobre todo por la edición de la revista electrónica Narrativas que, de la mano de la profesora de la Universidad de Veracruz Magda Díaz y Morales, pusimos en marcha hace ya unos meses y cuya repercusión ha superado mis expectativas más generosas. Pero todo es provisional y, como he dicho antes, efímero. En todo caso, mi elección dependería del momento.

¿A dónde quieren llegar las letras de Carlos Manzano?

Podría decir que a permitirme vivir de lo escribo y abandonar mi actual trabajo burocrático. Pero como sé que eso en mi país, España, es casi imposible, diré que a dotar mi vida de sentido y a reafirmarme como ser humano.

¿Y a dónde sus fotografías?

La respuesta anterior vale también para esta pregunta.

¿Cómo quieres te recuerden en el ámbito artístico?

No participo de ninguna creencia en el más allá ni en ninguna clase de fantasmas. Por tanto, una vez muerto, será irrelevante lo que se opine o se piense de mí. De momento, mientras siga con vida, lo más importante será ser honesto conmigo mismo, tratarme dignamente, disfrutar con las cosas que hago, hacer lo que creo que debo hacer y no hacer aquello que creo que no debo hacer. Lo demás está fuera de mi control, sería estúpido amargarme la vida por algo en lo que no tengo ninguna posibilidad de intervenir.

¿Qué te falta por realizar en la vida?

Muchas cosas o ninguna, depende. No tengo grandes proyectos en la cartera ni me ilusiono con planes que no está en mi mano realizar. En ese aspecto soy muy modesto. En cualquier caso, me gustaría viajar más, visitar todos los lugares del planeta, captar en imágenes todas las sensaciones que eso me produce, escribir la mejor novela del siglo XXI… Pero de momento me conformo con seguir vivo y seguir haciendo (con limitaciones) lo que me gusta.

1 comentario:

pato dijo...

“el tiempo dirá hasta dónde es capaz de llegar”.
esta frase me encantó !!