martes, noviembre 22, 2011

Las doce del día

 

Las doce del día es una hora de añoranza. Es retroceder, es avanzar, es detenerse. Es cerrar los ojos, es abrirlos. Es ruido, es silencio. Es vivir, es morir. Las doce del día marca la mitad de la vida: la cicatriz, la melancolía, la pasión, la esperanza.

A las doce del día, algún niño pequeño tiene sed. A las doce del día, una mujer se le olvidó comprar los tomates y va a la tienda de abarrotes a encontrarse con el resto de las mujeres apuradas porque la mañana se les va. A las doce del día, muchos niños preescolares gritan felices porque han dado el toque de salida de sus escuelas. A las doce del día, un hombre solitario toma el tren sin un destino fijo. A las doce del día, las amigas que se reúnen cada mes en un restaurante, siguen desayudándose la vida. A las doce del día, un joven enciende un cigarro y camina la ciudad que todavía no conoce. A las doce del día, una chica toca el chelo hasta romper la partitura. A las doce del día, alguien ha terminado de leer un libro y lo cierra con nostalgia. A las doce del día, un hombre y una mujer se encuentran por primera vez en un café. A las doce del día, el cartero toca la puerta y entrega la sonrisa. A las doce del día, el fuego da forma a la nueva creación del ceramista. A las doce del día, un mar envuelve los cuerpos acostados sobre la arena. A las doce del día, el sol declara su poder.

A las doce del día…

Y yo escribo estas líneas, cuando son las doce del día y se escucha el canto del Ave María con toda su fuerza por todo el pueblo que habito. Pero yo prefinía escuchar Air de Bach interpretada por Richard Galliano. Doce del día, la hora exacta cuando enterré a mi perro aquel domingo soleado y lleno de tristeza. Doce del día, la hora para servirme otro café, pensar en ti y querer saber qué haces al mediodía de tu vida.

10 comentarios:

Bel M. dijo...

Nunca me ha gustado esa hora. Tiene todo eso que tú dices y más. Esa sensación de que termina el esplendor...
Un abrazo grande.

Elena Casero dijo...

¡cuánto me ha gustado Graciela!

Un abrazo.

En especial la última frase.

virgi dijo...

Tantas cosas a las doce, que no sé por cual empezar.
Besitos.
Pues 12, ¡claro!

Francisco Ortiz dijo...

Estupendo, estupendo. Poético, personal y muy vivo.

Isabel Barceló Chico dijo...

Querido y añorado Moovie... Un abrazo, querida amiga.

marichuy dijo...

Las doce del día... ¿la hora más neutral? ¿estar justo en la mitad del día, de un todo?

No me disgusta...

Índigo dijo...

Nostalgia de tantos 12. Nostalgia de más de 12 años compartidos con Movie. Nostalgia de leerte, a las 12 del mediodía. Nostalgia de leerte, a la 1, a las 2, a las tres. Nostalgia de tus palabras que vuelan, a las 12 del mediodía y levantan sus alas al vuelo, como las campanas, como los sueños. A las 12 del mediodía, te espero, de nuevo. Besos en añil.

Mateo dijo...

Saludos, Graciela.
A las doce como una manzana a mordiscos y espero la tarde con melancolía renovada. Y añoro el amanecer perdido...Pero se avecina uno nuevo, como tren que pasa camino de la vida.
Un abrazo

Paloma Zubieta López dijo...

Qué bella manera de encontrarnos, frente a frente y gracias a tus manos, con esa hora, tan fundamental y tan cotidiana. Relato de lo cotidiano que no se va nunca... gracias por el trozo de sol, queridísima.

maria candel dijo...

Graciela, para mi las doce es una hora muy significativa, es en la que yo nací,y también mi hija, me encanta esa hora, se encuentra en un punto medio entre la noche y el día, entre lo que empieza y lo que termina.
Muy bello tu escrito, poéticamente vas describiendo la cotidianidad de los días, de un día.
Un fuerte abrazo, amiga.