domingo, noviembre 27, 2005

Movie...

Ahí está. Esperándome como siempre.

Supongo que se encuentra en algún sueño profundo y al escuchar el leve sonido del auto que se estaciona frente a su casa, despierta, brinca de la cama y se pone tras la puerta para esperar que la abra.

Él me recibe feliz. Se desbarata en hacerme tanta fiesta, quiero pensar que verdaderamente le traigo la felicidad.

No se tranquiliza hasta que lo acaricio, me besa alocadamente y logra hacerme sentir tan amada. A partir de que se calma ya no me deja andar sola por la casa, me sigue a todas partes, quizá sea su miedo que lo abandone.

Entonces aprovecho de contarle mi día, le comparto mis sueños, me mira atentamente y se convierte en mi confidente.

Pongo música y bailamos con los búhos, luciérnagas y gatos, el tema “Unchain my heart” cantada por su tocayo Joe Cocker.

Evito poner un disco de ópera porque esto le produce melancolía y lágrimas, sí, llora como si estuviera participando en escena, así que me pierdo en esta noche otoñal, de la voz de Kiri Te Kanawa.

Y entre la música cenamos el spaghetti que tanto le gusta y después juntos salimos a caminar, buscamos a la señora Luna, tocamos a su puerta y platicamos en medio de las estrellas.

Al regresar a casa, escuchamos en la paz hogareña a Mozart, me dispongo a abrir las hojas de mi libro nocturno, “Libro del desasosiego”, saboreo y leo con calma a Fernando Pessoa, deseando atrapar cada letra, él se acomoda de la manera más tierna en mi muslo derecho para que yo le lea. Es como leerle un cuento para que duerma sosegadamente.

Y sus ojos color miel alivian mi cansancio. Ah! esa mirada desarmadora, tal pareciera que es un angelito que no grita y no se enoja.

Detengo mi lectura, porque estancarme en esa mirada cautivadora me hace recordar los días cotidianos con su presencia: las caminatas matutinas para controlar nuestro sistema cardiovascular, ver volar sus orejas rizadas en su veloz carrera, contemplarlo sobre la alfombra del jardín tomando el sol, mirarlo asustado y tembloroso cuando el cielo ruge de cohetes y se esconde entre mis faldas o en el rincón de los libros, los paseos en territorio marítimo para visitar a sus primos Puppy, Waldy y Bijoux, las breves siestas que tomamos juntos en las tardes lluviosas, su alegría al jugar con muchas pelotas; pero también existen aquellos días desagradables: sus celos al verme cargar a los peques de las amigas, las impertinencias con los vecinos o las visitas, su negación ante la ducha, cuando regresa a casa a altas horas de la noche ya sea porque está enamorado o por sus ratos de pinta con otros de la banda para oler más de su pueblo, quizá sea su espíritu aventurero de caza. Y como olvidar esos días angustiantes cuando ha sido operado por las heridas enemigas casi a punto de la muerte.

Sonrío al recordar sus primeras huellas valiosas que dejó cuando se enamoró por primera vez de una linda llamada Tiza y ésta lo hizo padre, pero lo resaltante que por este hecho, emparenté con la familia de Tiza y conocí a dos grandes amigas.

Sí, debido a él, nos encontramos y en una velada nocturna entre velas, empanadas argentinas, vino tinto y Vinícius de Moraes nos prometimos solidaridad y cariño eterno.

Son nueve años de historia con paisajes multicolores donde permanecemos al unísono, sea en las alegrías o en las tristezas.

Me conmueve como ha guardado fidelidad para mí y le agradezco su compañía en la soledad de mis lecturas.

Regreso con Pessoa, ha llegado la madrugada, y él, cómodamente enroscado en su pequeño cuerpo color café claro y sus orejas reposando como si fueran un adorno sobre la almohada, le cubro con su manta y él respira tan plácidamente que murmuro lentamente su nombre: Movie, dulces sueños, hasta mañana.

3 comentarios:

Luis Rivera dijo...

Movie, como Goyerri, dan tanto sin saberlo, que aunque llenos de egoismo están cargados de generosidad. Y nosotros nos aprovechamos de ello y somos mejores. Derramamos ternuira que de no ser por ellos no iría, seguiramente a ningún sitio.

Isabel Romana dijo...

Clarice, me he emocionado leyendo este post tuyo, porque yo también tuve un perro al que quería mucho y me vivió 13 años. Cuántas horas de felicidad nos regaló, qué ojitos tan lindos cuando me miraba. Aún le echo de menos, porque cuando después de comer me sentaba en el sofá, él daba un salto para tumbarse en mi regazo, aunque yo tuviera el periódico abierto... Hacía algunas travesuras, pero lo queríamos con locura. Disfruta de él, cuánta razón tienen quienes dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. Besos.

Anónimo dijo...
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