lunes, febrero 13, 2006

Amistad cibernética...


Escuchaba en la quietud pueblerina a Caetano Veloso con la canción “Un vestido y un amor”, composición de Fito Páez. Es una canción bellísima y me voy a detener solamente en los versos: te vi/ te vi/ te vi/ yo no buscaba a nadie y te vi/no hacías otra cosa que escribir/y yo simplemente te vi.

Esto viene a colación porque fui una más que cayó en las redes cibernéticas: no buscaba a nadie y los vi. Creo firmemente en la amistad y sé que es un aspecto difícil de lograr, ya que tratándose en la cercanía física, respirando las voces, a veces surgen fricciones. Se necesita tolerancia, comprensión, aceptación y todo lo que les guste añadir. Aprecio a mis amistades reales, pero, ¿tener una amistad cibernética? Nada fácil pero tampoco imposible de lograr.

En el mundo virtual hay de todo y para todo. El famoso bloggero chileno Roberto Arancibia, quien proclama que “El mundo sigue ahí”, dice: “Tiene ventajas para los tímidos, para los de buen verso. Pero también forja personalidades y máscaras bastante alejadas de la realidad. Un día descubres a alguien, o alguien te descubre a ti, y vas de a poco, la lees, algo hay que te gusta y lees un poco más, puede haber un par de mensajes de e-mail, un contacto más personal, luego un número de celular, y ya: Juntémonos. La aventura de conocer a alguien, es entretenida y emocionante”. Algunos piensan que de esto no se sale bien librado, que es hundirse en arenas movedizas, pero cada quien tiene su propia experiencia.

A través de la pantalla, leo con constancia a varios columnistas -escritores y periodistas- algunos los conozco, con otros a veces hay saludos efímeros y del resto soy lectora. Sin buscar específicamente amistades cibernéticas, tres saltaron tras mi pantalla, leí sus escritos, tocaron ciertas fibras de mi alma, perdí la timidez y me atreví a escribirles, cada quien en su momento, dando como resultado tres personas encantadoras. Con el transcurrir de las charlas y la correspondencia, ahora se ha armado un cuarteto en donde nos acordamos de Julio Cortázar: “Andábamos sin buscarnos, pero andábamos para encontrarnos”.

Mis tres amistades cibernéticas se parecen mucho entre sí, son nómadas que viven en Ninguna parte, como el poema de Eduardo Galeano, “donde dejan el cuerpo y se van lejos”. Viven de sus letras, viajan, aman la literatura, la historia, la música, el cine y el arte entre otros vicios. Cuando el mundo duerme, nosotros lo ponemos de cabeza, defendemos nuestras ideologías políticas, aplicamos la psicología, ejercemos la docencia, narramos nuestros sueños, diseñamos el mundo a nuestra manera y nuestra historia se escribe. Tuve la fortuna que mis tres amistades cibernéticas no resultaron con corazón de metal. Les debo mucho, me han compartido su música, sus libros, me han llevado de la mano a recorrer muchas ciudades y han prometido que juntos nos beberemos Paris. Me he divertido, aprendido y ellos han creído en mí. Todo comenzó detrás de la pantalla, sin necesidad de intercambio de fotos porque esto era lo menos importante, lo que nos interesaba eran nuestras propias esencias y a su debido tiempo llegaron los rostros.
Nostromo y Amélie por el momento están lejos, al otro lado del océano y Almíbar demasiado cerca de mí.

Cuánta razón tiene Joan Manuel Serrat al cantar: “Fue sin querer/es caprichoso el azar/no te busqué/ ni me viniste a buscar/pasé sin querer pasar/ y me viste y te vi.
Recordé a Alessandro Baricco: “Nadie puede olvidar que nunca se está lo bastante lejos para encontrarse”.

5 comentarios:

Roberto dijo...

Luindo texto Clarice, hay amigos así, de esos buenos.
Y cero problema con lo del Milenio, pero qué ganas de verlo!

Me quedaré dando unas vueltas por aquí, me quedaré un rato en lo de Brokeback Mountain y la Geisha, tengo las dos por ahí y aun no veo ninguna.

Cariños desde Chile,
R.

Irarrazabal dijo...

Hola,
No te imaginas cuanto me ha ayudado lo que me has escrito.
Te he dejado unas palabras de agradecimiento en mi blog.
Saludos.

carlos dijo...

ah, la sincronía, la sincronía...

un placer conocerte

Cursivas dijo...

Qué gran reflexión Clarice, me encantó.

Te seguiré leyendo.

Un abrazo,

Amélie Poulain dijo...

Eso es porque tus ojos y tus brazos son capaces de atravesar el oceáno y tocarte de cerca.