viernes, enero 22, 2010

Los papeles inesperados de Julio Cortázar


Cuando G supo que los textos inéditos y dispersos que fueron escritos por Julio Cortázar a lo largo de su vida y que fueron publicados en un libro a los veinticinco años de la muerte de su autor, lo quería. Lo apuntó en su lista de compras pendientes.

G recibió la grata sorpresa que E le obsequió el libro a B por su cumpleaños. En casa, las reacciones fueron que M lo olió, L sonrió, G se emocionó y B agradeció. Y aunque el regalo le pertenecía a la cumpleañera, cuando llega un libro a esa casa, lo comparten sus habitantes.

B dejó el libro envuelto en un librero como adorno. Dijo que lo leería cuando terminara el tercer libro de Larsson. G lo veía diariamente y no le faltaron ganas de hacer la travesura de abrirlo, leerlo y envolverlo nuevamente, pero por respeto a su dueña no lo hizo. El libro era como el dulce anhelado y prohibido.

Los días transcurrían, B se estaba tardando y G empezaba a desesperarse. Al final, el libro de Cortázar viajó a otra ciudad para instalarse en el departamento de B. Quizá fue lo mejor para G, así estaría ocupada en otras lecturas.

B regresó con el libro ¡por fin! y G lo tomó como aquella niña mencionada en el cuento “Felicidad clandestina” de Clarice Lispector.

G le tiene un afecto especial a Julio Cortázar ¿quién no? Ella recuerda cuando siendo estudiante lo conoció. Le impuso su altura y logró un autógrafo. Forma parte de sus recuerdos inolvidables. Cuando B fue a París, no dudó en decirle que visitara la exposición dedicada al escritor y su tumba y que tomara muchas fotos.

Total que G empezó a leer Papeles inesperados y lo ha disfrutado enormemente. Tantas anécdotas, historias, recuerdos, poesía, arte, música, cine, viajes, relatos, cuentos y más datos que contiene el libro.

Al ir leyéndolo, algo le pasó a G que sintió más pasión por el autor y le dieron ganas de releer algunos de sus libros. Con este libro en especial, se sintió identificada con determinados textos que le remitían a su pasada vida.

Ella se carcajeó mucho cuando el autor describe simpáticamente al Hotel Mocambo del puerto de Veracruz. G a menudo iba a ese hotel y le parecía maravilloso. En cambio, a su amiga S, le provocó tristeza. También, se emocionó cuando Cortázar narra que anduvo en el zócalo del puerto a la víspera de la llegada de la reina de Inglaterra. G fue a ese evento y pensó: ¿será que pasé junto a él sin saber quién era? Entonces expresó lo mismo que el escritor: “A lo mejor nos cruzamos en una esquina y nos miramos”. En cuanto a visitar un lugar cercano al puerto, ella afirmó lo mismo: “En Mandinga, no sólo hay los mejores camarones de la galaxia, sino que con un poco de oído se harán descubrimientos sorprendentes”.

Ya se imaginarán el rostro que puso G cuando se entera que Cortázar escuchaba música brasileña, entre ellos a Caetano. Pero Cortázar amaba el jazz y a Charlie Parker. Entre tantos músicos, también le gustaba Susana Rinaldi y ella recordó aquél viaje universitario donde visitaron el programa de Jacobo Zabludovsky, esa noche conoció y escuchó a la cantante.

Julio Cortázar escribe sobre su afición por la fotografía, tal parece que ofrece una clase y G se aprende la frase: “Dime cómo fotografías y te diré quién eres”.

Cortázar muestra lo que debería ser un conductor y un peatón y G está pensando seriamente en llevar el “Monólogo del peatón” a las oficinas de Tránsito. Graciosamente narra sobre las lecturas de la revista Fantomas. G estaba enamorada de Fantomas. Escribe sobre las medicinas efervescentes que no les encontraba una explicación satisfactoria y añadía: “sin duda las hay, pero para enfermos más inteligentes” y G recuerda a L como las consume.

Un paseo entre tantos nombres de personajes literarios. Las cartas con palabras tan profundas y amorosas dirigidas a los amigos. Sus pensamientos acerca de lo que es la amistad. Sus palabras a la misión de los maestros. Sus reclamos ante la injusticia. Sus declaraciones sobre la política. Su sentido del humor. Sus charlas. Sus viajes. Sus encuentros. Sus observaciones. Sus nostalgias. Sus deseos.

Julio Cortázar no tiene fin.

G subrayó muchísimo el libro. Quedó atrapada entre tantas líneas hermosas. Sintió nostalgia al darse cuenta que había finalizado su lectura. Por un momento creyó ser un cronopio y ser la misma de la página 402: “Ella partió en su bicicleta”.

¡Oh benditos editores que abrieron el cajón de Cortázar y publicaron este libro!


19 comentarios:

Isabel Romana dijo...

No lo he leído todavía, pero si G se ha emocionado tanto leyéndolo e incluso M no lo ha perdido de vista ni de olfato, si B lo entretuvo tanto tiempo antes de leerlo y L se ha emocionado; si G ha tenido tantos recuerdos bellos y entrañables y los ha vuelto a vivir, no te quepa duda de que I lo leerá pensando en G, B, M y L...

Arcángel Mirón dijo...

Lo tengo como pendiente, seguro. Tengo que encontrarme con Cortázar, hasta ahora fueron romances intermitentes, y yo quiero una relación estable con él.

:)

Camille Stein dijo...

no tiene fin...

'Un tal Lucas', por ejemplo, o 'El diario de Andrés Fava'... con el tiempo adquieren un valor nuevo, incalculable

tengo ganas de leer estos papeles inesperados

un beso

Miguel Sanfeliu dijo...

Me ha gustado enormemente esta original reseña. Uno siente el impulso de salir corriendo a buscar el libro.
Saludos para B, L, M y, por supuesto, para G.

gonzalo dijo...

benditos son los días en que te leo.

Petrusdom dijo...

Gracias, amiga G, por tus párrafos tan cortazianos.

Anónimo dijo...

Senorita G: la hago absolutamente responsable de haber encargado este libro a Amazon, teniendo un anaquel lleno de pendientes. Pues ud, con esa maravillosa descripcion del texto, me llevo a cometer esa locura libresca. La saluda atte. su amiga que la quiere y admira mucho.
Ivania mas conocida como I.
besitos.

Pamela dijo...

Magnífico el relato de G. P ya hizo el suyo hace un tiempo y no le llega ni a los talones. Chapeau mon amie!

ANTIQVA dijo...

Amiga, me he imaginado como incluso tu amigo el Filósofo, si el perro intelectual, se acercaba a ojear el libro en cuestión...

¿Como iba yo a sospechar que tuvo un trabajo de protagonismo canino en el libro de Dido?

Un abrazo, amiga, y saludos a nuestro amigo intelectual

(Por cierto, y yo -tan despistado- donde busco ahora otra foto de biciletas...)

Francisco Ortiz dijo...

Cómo le habría gustado a C. leer este texto...

Eleonaí dijo...

Felicidades por la lectura y gracias por compartirla tan gratamente.

Bel M. dijo...

Muy bueno, sí. Encantada en su sentido original pues esta reseña encanta, produce un encantamiento.
Besos.

Kety dijo...

G, te imagino junto a M. mirando la estantería con ojos suplicantes..., Creo que a B, no le hubiese importado compartirlo.

Un abrazo; G, B, M,y demás

Con tu permiso me llevo esta frase:
“Dime cómo fotografías y te diré quién eres”.

Bethania dijo...

B requiere que su libro sea devuelto, B lo olvidó el fin de semana pasado, espera recuperarlo el próximo. Espera que E no se sienta por la tardanza en la lectur.

Mateo Bellido Rojas dijo...

Graciela, qué original relato y cómo nos has implicado en él. Nunca un autor me colmó tanto como Cortázar y tengo pendiente "Rayuela", pero su compilación de cuentos es una maravilla. Ahora saldré a buscar el libro póstumo, si G lo dice, no me cabe la menor duda de que merece más que la pena.
Un abrazo, para compartir con B, M, ...en fin.

Juan Bautista Morán dijo...

Me ha encantado, sencillamente.

De joven no sabía vivir sin La historia de Cronopios y sin Rayuela, libro arquitectura hecha de palabras.

Cristina dijo...

Que delicia :D ¡Cómo te habrás divertido escribiendo esto!
El libro ya lo tengo en la mira y la foto...bueno, me la puedo quedar?
besos, atrasados, pero siempre asombrados de leerte.

Anónimo dijo...

B: por supuesto que no me puedo enojar por eso, leer es un placer, ya llegará el momento adecuado para que lo disfrutes.
un beso para G y otro para B.
E.

ANTIQVA dijo...

Ay, aquí estoy otra vez... Es que eso de un buen libro y un vaso de buen vino tinto... Ah...

Adios, adios, amiga