miércoles, noviembre 27, 2013

Diario no privado

Imagen de Priscila Rodríguez


Sábado, 24 de agosto

Compré una libreta sencilla. En su portada viene un diseño de Romero Britto, al que descubrí caminando en una calle de la ciudad de México. Entonces entré a su galería y conocí su arte. Entre tantas libretas que tengo en mi colección, elegí ésta para intentar escribir con mi puño cansado. Lo he hecho cientos de veces y termino con la facilidad que ofrece la hoja Word. También compré tintas de colores. La idea es escribir todos los días y dejar la libreta en el comedor. Con la libertad de quien entre, si quiere, y sin mi permiso, pueda abrirla y leer mi diario. ¿Llenaré esta libreta? ¿Importa llenarla? Mientras escribo, escucho a Bruce Springteen. Me gusta, me pone alegre. Quiero dibujar en esta libreta.

Miércoles, 28 de agosto.

No había deseado tanto sentarme en la maldita silla del dentista. Perdí un diente como si se hubiera caído un árbol. El dolor ha desaparecido, pero estoy en cama. Y miro el techo. No hay estrellas. Pero hay recuerdos y el dolor vuelve.

Domingo, 1 de septiembre

¿Cómo se dibuja la tristeza? ¿Acaso el trueno del cielo es su lamento? ¿Por qué mis cuñadas tuvieron que padecer lo mismo? Le tengo miedo a esa enfermedad. El pecho de ellas es mi pecho. Y me duele. Y estoy triste. Voy a dibujar la tristeza.
P.D. Compré un par de pijamas para envolver la tristeza del sueño.

3 de septiembre

Ella gira en los brazos caídos de los luchadores con una carretera bloqueada, una silla que tiembla, una mujer enferma, un laberinto caótico, una eterna lluvia, un país de lágrimas, un silencio con música, una ventana dibujada por ladridos, una taza de café y una lista para elegir escuchar a escritores, cantantes y cineastas. Ella gira pensando en ti.

Viernes, 6 de septiembre

Aquí no es tiempo de cerezas. Es tiempo de crisis. Y en tiempo de crisis, el cine es mejor que la crisis. 

Sábado 7 de septiembre

El vino se derramó sobre está libreta. Se ha manchado. Y las hojas están húmedas. Pensaré que esta libreta siempre estará embriagada.

Viernes, 18 de octubre

Después de mes y medio vuelvo a este diario. Me parezco a la Woolf con sus ausencias en su propio diario. No dejo de preguntarme: ¿para qué escribir en este diario si escribo en un muro? No es suficiente con todo lo que llevo en la cabeza. Y escribo en esta libreta que no le veo futuro. La edad me detiene.

Jueves, 24 de octubre

Dios: dame sabiduría y ayúdame a ser una mujer sensata. Permite que mis palabras tengan la sal necesaria. Y dame gozo para celebrar la vida sea cual fuere mi circunstancia.

Viernes, 8 de noviembre

Pienso: mis pensamientos son un desorden y no tengo ganas de ordenarlos. Decido: permaneceré en el jardín mientras veo pasar el viento. Vuelvo a pensar: el viento no se llevará mis palabras desordenadas. Determino: cerraré los ojos mientras dejo caer el desorden de mis pensamientos.

Martes, 19 de noviembre

Tiene el dinero suficiente para elegir cualquier lugar del mundo e irse. Pero todavía no lo hace. Dice que permanecer en su casa es viajar. Por eso compra libros. Muchos libros. Porque al comprarlos, siempre piensa que compra boletos de viajes. Dice que ver películas o escuchar música o tocar los árboles o cerrar los ojos, también es viajar. Pero más, cuando escucha a los viajeros y le narran lo caminado. Y repite: permanecer en casa es viajar. Y lo escribe en su cuaderno de viaje. Ese cuaderno que nunca viajará. Porque el cuaderno también dice: para eso está la pluma, para que sus ojos llenen mis hojas de viajes. Otra vez se escucha el eco de las paredes: permanecer en casa es viajar.

Lunes, 25 de noviembre

El placer de ser turista en mi propia casa y vivir las cuatro estaciones en un solo día. Mirar un mar enfurecido o una montaña soleada. Acariciar un perro callejero o escuchar el insomnio del gallo. Elegir un libro al azar y caminar en París. Escuchar un fado mientras el alma recuerda. Pero sobre todo: deleitarse con el pájaro que entra a casa, vuela por doquier y decide reposar en el asiento de una pequeña bicicleta de mi colección. El placer de ser turista en mi propia casa sin tener la necesidad de guardar el instante en una fotografía. A veces, sí. Fotografío para recordar que no necesito irme. Ah, el placer de ser turista en mi propia casa.

Miércoles, 27 de noviembre
 
En esta fecha pude haber nacido, pero me ganó mi hermano. Y mientras él nacía, yo no era nadie...hasta que decidieron que fuera alguien. Y soy. Aunque él no me quería porque deseaba ser el rey de la casa, quizá por el nombre que porta, mi temperamento ganó y tuvo que aceptarme. Y al aceptarme, me mostró su mundo y me lo entregó. No soy músico ni pianista ni todo lo que es él, pero mucho se lo debo a mi hermano. Y él es él y yo soy yo. Y así nos amamos, respetando que somos diferentes, pero algo nos une: la memoria de haber nacido en el mismo hogar con todos sus defectos y virtudes. Ahora, nuestra conversación no tiene fin.

Noche lluviosa y fin de noviembre

Abro mi libreta y hojeo lo que he escrito. He escrito mucho y no he escrito nada. Nada sin importancia. La cotidianidad con mi letra manuscrita. Encuentro recortes pegados e intentos de lo que quise dibujar. También miro una inicial. Aparece con frecuencia. No sé de quién se trate. O no quiero decirlo. Primero escribía todos los días. Después, cada tercer día. Después cada semana. Y después…perdí la noción del tiempo. Y la libreta  nadie la abrió. Quizá pensaron que era una libreta más entre tantas cosas que hay en casa. Sí, nadie la abrió. Eso creo. Pero, ¿a quién le importa lo que escriba si finalmente escribo lo hueco del vacío? A mí. Es la única manera de saber que no estoy a salvo, pero sé que existo en un diario. En un diario no privado.



1 comentario:

Indigo Horizonte dijo...

Existes en ti y en los que te leen y en los que te escriben. Y en esa libreta embriagada. Y en la risa de los que te dibujan palabras. Y en la llama de tu hija. Y en la tuya, iluminada.

Besos, Graciela.