jueves, octubre 15, 2015

¿Gallo o despertador?

Pintura de Marc Chagall


De qué susto están hechos mis latidos en los momentos en que se escucha un gallo misterioso y el cielo es un azul de lactancia que conmueve.
José Barroeta

¿Qué elegirías para despertar: un gallo o un despertador? Quizá ninguno de los dos. Quién no quiere dormir un poquito más, sobre todo, cuando el sueño se encuentra ubicado en un mar lejano. 

Puedo recordar los pocos despertadores y sus horrorosos sonidos, aunque también recuerdo algún gracioso. Actualmente, cuando es necesario, uso el despertador de mi celular, pero es tan suave su despertar que me confundo con mi propio despertar. En este año, no ha sido necesario usar el despertador; simplemente dejé de cerrar la cortina de mi gran ventana y la pura claridad del nuevo día me despierta. Ah, qué emoción es mirar el paisaje interior desde mi cama.

Hasta que llegó el gallo del vecino. Al principio fue novedoso, pero con el transcurrir de los meses, llegué al límite de no soportar al gallo. Casi todo el día ‘canta’ y quizá en la tarde duerme. A las  cuatro o cinco de la mañana, despierta tan campante que hay madrugadas que lo saboreo en un caldo y luego me arrepiento.

Cada día me gusta más el silencio y soy afortunada del lugar que habito. Estoy rodeada de tanta naturaleza que el canto de los pájaros son el concierto diario. Por lo tanto, escribo esto para ya no quejarme del gallo, ni de las gallinas y, valorar que no escucho ruido de autobuses ni trenes ni escándalos que alteren mis oídos. 

Para calmarme, miré el mundo mágico de Chagall y leí nuevamente Una gallina de Clarice Lispector.



1 comentario:

Kety dijo...


Hola, Clarice. Buscando en mi blog, una entrada del tiempo de Adviento que publiqué hace años, he encontrado un comentario tuyo. Es cierto que la empatía hacia una persona, no se evapora así como así. Cuando ha habido tantas palabras de afecto y cariño. Es por eso, que quiero dejarte un fuerte abrazo, y desearte lo mejor.
Admiro tu sensibilidad escribiendo.
Besos