martes, enero 02, 2018

Año Nuevo

Pintura de Marc Chagall
La vida me dice que soy la diosa de mis hojas en blanco y que puedo armar la historia que se me venga en gana. Escribir por ejemplo: Mi fin de año no fue cómo yo creí que sería: lejos de mi hogar, sin aretes y con un cerebro perdido. En el silencio pude constatar que la vida te mueve para que uno no se estanque. Y para reírse de uno mismo y recordar que nada es perfecto. Que cualquier día puede ser esplendoroso aunque sea un pájaro enjaulado. Despertar sabiendo que un 2 de enero puede ser el inicio de un Año Nuevo. Despertar para volver a encontrarme con el amor. Mirar y callar. Escuchar y pensar. Desear y amar. Saber que tiene vida. Que yo tengo vida. Atreverse a escribir aunque nadie comprenda el latir de un reloj que no se usa para no ser esclavo de nada, ni de nadie. Ahora sé y estoy segura, que cada día será una oportunidad para que en mi organismo fluyan ríos de agua viva, mi corazón tenga plenitud y mis pensamientos se sostengan con la fe sembrada en la Palabra que no vuelve vacía.


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