jueves, enero 27, 2011

Palabras sobre la mesa

Foto: Graciela Barrera


Las palabras parecen planas, en el papel muestran un largo y un ancho; pero en una dimensión que no se ve, guardan una profundidad en donde se ocultan deliciosas historias esperando a ser contadas.
Arturo Ortega Morán


Desde niña hasta la fecha, cada vez que estoy en el Gran Café de la Parroquia, me gusta observar las diferentes mesas con señores reunidos en una gran charla. Me da curiosidad saber de qué hablan y, supongo que entre sus diversos temas, arreglan el mundo. Algunos con sus agendas y periódicos, se relajan por un tiempo determinado. Otros aprovechan el boleado de sus zapatos. Sonríen, de vez en cuando miran a su alrededor, conversan, discuten, se carcajean y se despiden contentos para encontrarse en su próxima reunión.

Pero hay una mesa de señores que aún no he visto porque ellos viven Monterrey, NL, en el norte de mi país. Su historia cuenta que desde hace más de veinte años, se han reunido a tomar café todos los miércoles, en el mismo restaurante, a la misma hora y en la misma mesa. Empezó siendo un grupo de cronistas deportivos y actualmente hay de todas las profesiones. Unos han llegado, otros se han ido y algunos permanecen desde el inicio. Ahora en un nuevo sitio. Ellos hablaban de todos los temas en común, pero terminaron dándose cuenta que les fascinaba platicar con lo que les apasiona muchísimo: el lenguaje.

Seis miembros del grupo decidieron guardar todas esas historias con la finalidad que pudieran resultar útiles, divertidas e interesantes para los lectores. Tantas palabras que usamos y que quizá algunas desconocemos sus orígenes. Y por supuesto que lo lograron. Su deseo se transformó en un libro: Palabras sobre la mesa.

Palabras sobre la mesa, editado por Font, fue presentado en octubre pasado en la XX Feria Internacional del Libro Monterrey, por sus autores: Ángel Robles, Roberto Gómez Junco, Ricardo Espinosa, Marco Carrión, Héctor Sánchez Rosaldo y Arturo Ortega Morán. Personajes que dominan el tema y que ellos continúan en el estudio e investigación del buen uso de la palabra. Tienen la fuerte convicción de cuidar y defender nuestro idioma. Con una gracia y simpatía, narran con su estilo muy particular temas como: Génesis de la mesa, Etimología, Humor, Habla coloquial, Historias y Poesía. Un libro sumamente enriquecedor, ameno y que en el camino de su lectura, uno aprende, crece, sonríe y recuerda.

Espero que algún día, estos hombres de las palabras, conversen entre el aroma de un café veracruzano y, yo, a lo lejos, pueda verles e imaginar sus cientos de palabras. Como aves sobre un mar.

Si desean tener el libro, pueden conseguirlo aquí.

11 comentarios:

Índigo dijo...

Gracias por contarnos parte de la vida de las palabras. Besos.

Paloma Zubieta López dijo...

Hermosísima nota llena de palabras que pesan y sentimientos que se asoman. Deberían haber más tertulias, el mundo sería otro con ellas. ¡Un lechero a mi salud, que me ha dado la nostalgia! Besitos.

Raúl dijo...

Suena hermoso, tanto la concepción del libro, como la propuesta en si misma, Clarice.
Abrazos.

jimeneydas dijo...

Mi papá era de esos que todos los días, a las 11 de la mañana, llegaba a La Parroquia a tomar su lechero acompañado de una canilla... Lo hizo por años, quizá lo llegaste a ver por ahi;-)

Pamela dijo...

QUé hermosa iniciativa. Grandes ideas, grandes escritos han surgido en torno a una mesa de café. Besos querida Graciela

Mateo dijo...

Graciela, es muy común encontrar en determinados cafés una tertulia habitual de amigos en torno a una taza de café, un vaso de leche o una infusión -me llamó la atención la expresión "un lechero", no se usa por aquí.
Y las palabras sobre la mesa se expanden, abarcando mucho más espacio que la mesa entera. Porque no existe más espacio que aquél que es ocupado por palabras.
Un abrazo, siempre agradecido por el regalo de las tuyas, tus hermosas palabras.

Eleonaí dijo...

Se ve interesante. Y muy necesario en Monterrey, donde han ido migrando del español al spanglish (o como se diga).
Parquean sus trocas. Pushan la puerta para entrar. Piden sodas. Y así...

Bel M. dijo...

Oh, Graciela. Increíble que aún exista en tu ciudad un lugar así. De Barcelona han desaparecido todos esos cafés tradicionales donde era posible reunirse y conversar de verdad. Gracias por esa preciosa descripción. Yo quiero estar contigo en una mesa del Gran Café de la Parroquia, observando a los autores del libro, observando todas las otras mesas y, sobre todo, conversando sobre palabras contigo.
Un abrazo enorme.

Deybi dijo...

Me encantó este articulo, lleno de verdaderas letras.

Me encantaría leerlo y, lo haré.

¡Saludos!

virgi dijo...

Preciosa idea, tanto por lo que finalmente han realizado, como por la amistad conservada a lo largo de los años...¡tan difícil!
Besos

marichuy dijo...

Querida Clarice

Este libro, la idea que lo alimenta, me recuerda un poco a la literatura decimonónica que tanto me gusta. Es un poco también, como la recopilación de historias conversadas. Preservar la palabra del día a día en papel.

Un beso