martes, junio 09, 2015

La adversidad

      Foto: Manuel Álvarez Bravo

Inició el año con todo el optimismo sin saber que en el primer mes empezaría su adversidad. Y que de una adversidad vendría otra y otra. Sin embargo, a los cinco meses del año, superó la adversidad. Al parecer, le agrada la palabra  adversidad, porque de eso habla y escribe. No es que sea masoquista, es sólo una sonrisa ante la nueva vida. Mientras pasaba por ese sombrío, escribía pensamientos sueltos. De repente le llegaban varios y de repente los dejaba ir. Escribió la brevedad en papelitos y rompió muchos; pero también hizo barquitos en un día de mar de lágrimas. Un día abrió su diario y decidió que su pequeño mundo los leyera, aunque a nadie le guste. Piensa que vendrán más pájaros a dejarle semillas solo por el simple hecho de olvidar o recordar y seguir transformándose aunque exista la adversidad.


Escribo sobre la adversidad porque es lo único que tengo.

La adversidad es una ola permanente.

La adversidad es un verso mal escrito.

La adversidad es la pesadilla de la almohada.

La adversidad trae el pasado.

La adversidad se vive entre la incertidumbre y certidumbre.

La adversidad te recuerda que existe la fe. Te recuerda los héroes bíblicos, te recuerda tus propios héroes.

La adversidad te envía ángeles que no esperabas, pero también permite que el diablo te visite.

No eres nada ante la adversidad. 

La tolerancia y la paciencia es un reto mientras la adversidad se ríe de ti.

La adversidad es un viaje sin fin.

El silencio y el grito es el lenguaje de la adversidad.

El lamento por la adversidad termina cuando te das cuenta que es necesario crecer.

La adversidad es necesaria para saber quién eres y quiénes están en tu alrededor.

La adversidad es necesaria para saber qué tan cerca estás de Dios.

El secreto en la adversidad es mantener el gozo en Dios.

La adversidad te ofrece esperanza.

En la adversidad se encuentra el amor.



1 comentario:

Indigo Horizonte dijo...

La adversidad es tantas cosas. Lo peor de la adversidad: no poder escribirla.

La palabra sana y apacigua.

Besos, Graciela