domingo, mayo 13, 2018

Yo también me acuerdo de mis maestros

Pintura de Edward Hooper

Me acuerdo de mi maestra de piano cuando me dijo que mis manos no servían, que solo aporreaba el piano y fue entonces cuando me comparó con mi hermano. 

Me acuerdo de mi maestra de matemáticas que me reprobó a propósito estando yo aprobada y fue entonces cuando me comparó con mi hermano. 

Me acuerdo de mi maestra de inglés que se rió cuando no supe pronunciar la palabra “refrigerador” y fue entonces cuando me dediqué a leer y no hablar nada.

Me acuerdo de mi maestra de diseño gráfico cuando me dijo que mis manos no servían y me buscara otra actividad artística y fue cuando toqué la puerta de fotografía y encontré un amor pasajero.

Me acuerdo de la mayoría de mis maestros de bachillerato que se dedicaban a hablar y a fumar y no me mostraban el mundo que yo quería aprender.

Sí, me acuerdo y agradezco a todos esos maestros que no me tuvieron paciencia, ni comprendieron que yo necesitaba otro tipo de enseñanza, ni creyeron en mí, porque lo único que lograron fue que no claudiqué, ni me traumé y seguí adelante con esos estudios. Ellos no sabían que yo vivía entre piedras.

Pero también…

Me acuerdo de mis padres y hermano por lo que me enseñaron.

Me acuerdo de mi maestra de sexto de primaria cuando descubrió que yo sí era inteligente y me retó a llegar a la fila de la calificación del 9.

Me acuerdo de mi maestra de español de la secundaria que siempre alabó mi lectura en voz alta y me ponía de ejemplo. Y me fomentó el gusto por la Literatura y el Teatro.

Me acuerdo de todos mis maestros de la Universidad que transformaron mi mundo. Y qué decir del maestro que me dijo con tanto cariño que me apartara del mal ambiente y me dedicara a estudiar. Y del director de la Facultad que me distinguía con viajes y un día fui a parar a los Pinos para conocer a un Presidente. Yo me acuerdo de todos, de cada uno de ellos, porque me dejaron trascendencia.

Me acuerdo de mis maestros de Biblia que me enseñan a abrir los ojos y los oídos.

Me acuerdo de mi asistente doméstica, del vendedor de flores, del jardinero, del cartero, del mesero, de la costurera, del mecánico, del panadero, del albañil, del carpintero, del herrero  y de toda esa larga lista invisible que me ha enseñado su grandioso mundo.

Me acuerdo de todos los anónimos que me han enseñado sin saberlo.

Me acuerdo de todos los niños que corren, bailan, juegan, ríen y me enseñan a ser mejor persona.

Me acuerdo de los jóvenes que me enseñan a no perder la esperanza.

Me acuerdo de los ancianos que me enseñan  a través de su debilidad física.

Me acuerdo de los perros, gatos, pájaros, mariposas,  hormigas, ardillas, conejos, burros, caballos y tantos que se han atravesado en mi camino y me han dado una alegre enseñanza.

Me acuerdo de los cineastas, escritores y músicos,  sin ellos mi aprendizaje no crecería.

Me acuerdo de mis amigos artistas que con sus conversaciones me enseñan a amar el mundo.

Me acuerdo del escritor que me enseñó el camino sin final para aprender a escribir.

Me acuerdo de mis maestros virtuales que me dieron enseñanzas sin dejar de sonreír.

Me acuerdo de mis amigos virtuales que me han enseñado tanto a través de sus países y de sus escritos.

Me acuerdo de mis maestros de natación, de música, de danza, de gimnasia, de pintura, de fotografía, por enseñarme que sin arte no hay vida.

Me acuerdo de todos los maestros que me han dado diplomados y cursos y me han enseñado nuevos panoramas.

Me acuerdo de mis médicos que me han enseñado mucho,  solamente por el simple hecho de preguntar cómo mejorar mi organismo.

Me acuerdo de cada una de mis amistades que con sus oficios y profesiones me han enseñado otro camino maravilloso diferente al mío.

Me acuerdo de mi familia espiritual que me enseña a esperar con fe y a no claudicar.

Me acuerdo del pasaje de amor que escribió el apóstol Pablo y que a veces me es tan difícil aprender.

Me acuerdo de mi actual hogar, porque cada día, encuentro la voz de la enseñanza con sus dos integrantes.

Me acuerdo de todos los compañeros del pasado en mis diversos trabajos que me enseñaron a vencer obstáculos.

Me acuerdo de  mis actuales compañeros de trabajo que me han enseñado cómo trabajar en el aula sin miedo.

Pero, sobre todo, me acuerdo de mis compañeros de aula, por los que fueron y por los que son, porque sin ellos y sin su enseñanza, mi aprendizaje sería en vano.

Sí, también me acuerdo que los maestros y las enseñanzas no se acabarán.

Con pudor, me acuerdo de mí. Porque vencí al árbol muerto que me ataba a que mi nombre no floreciera por sí solo.

Y, por supuesto, me acuerdo de ti, que pasas por este muro y lo haces puente, enseñándome otra mirada, otro canto, otro pensar.

¡Gracias!




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