miércoles, noviembre 08, 2006

Nunca aprendí a escribir

Imagen: Pescador

Aprendí a leer a los cinco años. Nadie me enseñó. Todas las tardes de mi infancia precoz y a la vez llena de ingenuidad, contemplaba a mi hermano mayor jugando con las letras, me contagiaba su voz. Repetía, una y otra vez, el nombre de cada una de ellas y yo silenciosamente repetía detrás de él. Cuando mi hermano se distraía, sin darse cuenta, yo le robaba las letras. No había tarde que no me llevara a mi almohada una letra, y mientras todos dormían, yo las coloreaba y les ponía nombre. Las vestía y al calor de los sapos les contaba historias. Dormía poco, esperaba ansiosa el amanecer y anhelaba que llegaran las tardes para que se efectuara el robo. A veces lograba robarme dos o tres. Entonces, las letras se convirtieron en mis confidentes, me regalaron sus secretos. Me gustaban tanto que, para sorpresa de los mayores, aprendí a leer solita. Lo que nunca aprendí fue a escribir.

He cumplido 75 años y aún no sé escribir. Me dediqué a leer. Mis ojos se regocijaron tanto con las letras que a mis manos nunca les hizo falta escribir. Decidí que no tendría manos. Mis ojos son mis manos. Todos deseaban que yo aprendiera a escribir pero yo me opuse. Estaba contenta con saber leer.

Una tarde, cuando tenía cinco años, regresaba con mi hermano de la tienda de abarrotes, y nos detuvimos a comprar un cuaderno. Recuerdo que su portada era roja y estaba lleno de hojas blancas. Delgadito y corriente. El más barato porque mi padre era un poco tacaño y nos compraba todo económico. Con mis ojos, me gustaba tocar las hojas. Era duro y tosco. Un gran letrero negro y yo tartamudeando empecé a leer: Poo-lii-too. Así se llamaba el cuaderno. Y volví a repetir: Po-li-to. Mi hermano se espantó y salió corriendo a gritarles a mis padres que su hermanita ya sabía leer.

Mi padre, al constatar que yo sabía leer, sacó de la biblioteca de nuestra casa, todos los libros de B. Traven. Me enseñó las portadas y me hizo la prueba de leer los letreros. Uno en uno los fui leyendo lentamente. Creo que a partir de ese momento, mi nariz se hizo adicta al papel. Reconocía sus olores. Mi padre se emocionó y me dejó de tarea leer a B. Traven. Yo tuve que dejar de robar letras y ponerme a leer “Macario”, lo leí tres veces seguidas porque Macario me había llevado en sus sueños. Luego, mi madre me dio la Biblia, me enamoré de José y de su túnica de colores. Mi hermano compartió conmigo las biografías de los grandes músicos y quedé impresionada con Beethoven y Mozart. Mi tío, el capitán, me regaló hermosos libros de Hans Christian Andersen y de los hermanos Grimm quienes me dejaron la fantasía.

Así, se les pasó el tiempo a los mayores y olvidaron enseñarme a escribir. Cuando llegó el momento, ya era tarde, les dije que yo había decidido no tener manos y me dijeron, incapaces de comprenderme, que bastaba ya de tanta locura. Me aquieté. Mucho tiempo contemplé mis manos muertas y me negué a aprender a escribir. Los adultos, buscaron todas las formas, lo intentaron todo, pero fue inútil y finalmente se cansaron y se olvidaron.

Aprendí a leer a los cinco años y nunca aprendí a escribir porque, de alguna manera, siempre pensé que había muchas manos para escribir y pocos ojos para leer.

También puede ser que no sé escribir porque cuando leí a Marguerite Duras decir que “Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos” entonces me puse a pensar tanto en esto que los años se pasaron y los lápices se perdieron.

Con el tiempo llegaron personas nobles a quererme enseñar a escribir. Me regalaron su tiempo. Me brindaban palabras de aliento, pero no lograron nada. Llegaron varios escritores y pusieron sus manos en mis manos para intentarlo. Yo ya era torpe. Mis manos parecían muñecas de trapo, no se sostenían. La gracia es que ninguno se desesperó, sólo yo. Siempre me sorprendí ante la insistencia y la perseverancia de ellos por enseñarme a escribir.

Crecí leyendo. Comí leyendo. Dormí leyendo. Lloré leyendo. Olvidé leyendo. Sané leyendo. Amé leyendo. Viví leyendo. Morí leyendo. Fui feliz leyendo.

Mi salvación fue declararle a un escritor: Tú naciste para escribir, yo nací para leerte.

Siempre he pensado que hay muchas manos para escribir y pocos ojos para leer. He cumplido 75 años, estoy ciega, y las palabras se han convertido en mis ojos.

40 comentarios:

CABINA AÉREA dijo...

Clarice...¿eres tú?, es un sueño, quizás?..no sé y realmente no importa, pero quiero que sepas que este post ME ENCANTÓ, me llegó a los recobecos más profundos del alma...
mil besos

hukes dijo...

Excelente.

Me identifiqué porque yo también aprendí a leer solo.

Mentacalida dijo...

Y en ese lugar de recuerdos,en tu alma que dicta las palabras
YO ME QUEDO!
Precioso post.

Besos

menta

Noa- dijo...

Aprendí a leer con mucho entusiasmo de pequeña y desde entonces he devorado muchas letras.
No se escribir y por eso no lo hago, tan solo encadeno letras; y ahora leo tus letras.

Un abrazo

soleil dijo...

Que puedo decirte romanticamente perfecto. Increible el artículo

Pamela Albarracín dijo...

Las palabras son tus ojos definitivamente


mi querida niña Clarice

un abrazo

Nosferatu dijo...

muy emotivo. hay desnudez en tus palabras, hay sentimientos enganchados en cada frase.

saludos a tí.

Elisa de Cremona dijo...

qué buen texto!!
Muy muy bueno
un beso enorme querida

tanguetto dijo...

Bello texto.

Quiero agradecer tus reiteradas visitas a mis blogs.

Gracias de verdad.

Isabel Romana dijo...

Un texto encantador y convincente, veo a la abuelita ciega y empeñada en ser lectora empedernida, que es su forma peculiar de estar en el mundo. Besos, clarice, te superas más y más.

Francisco Ortiz dijo...

Una bonita fábula, un territorio en el que te desenvuelves a la perfección. Con tu sinceridad y tu poder para despertar sentimientos. Un abrazo, amiga.

DudaDesnuda dijo...

Si las palabras se han convertido en tus ojos, no estás ciega. Estás aprendiendo a mirar con el alma.

Besos sin sombras.

Gasper dijo...

Leer, contemplar, sentir, tocar, oler, gustar, imaginar, soñar, vivir...

Todo el mundo en tus lecturas
Todo el universo en tus ojos
Todo el alma en tus escritos

Te mando un beso para ser leído

CEL dijo...

Emotivo relato, entre letra y letra robada la niña junto un tesoro, saber leer.

Un abrazo.

En mi blog tienes una invitación
¿quieres?

Miguel Sanfeliu dijo...

Un texto impresionante. Úno de los que más me han gustado. Se me clava en el alma cuando lo leo.
El amor por la lectura, por las letras, el aroma de las hojas impresas, los recuerdos anudados a los libros... Te transporta. Te hace soñar.
Un saludo.

Heriberto dijo...

Me deja callado y pensativo.

almayer dijo...

me recordaste cuando mi madre me contaba que ella enseñó a leer y escribir a mi abuela, pues no tuvo la oportunidad de ir a ningún colegio, aún a pesar de su edad cada letra aprendida como a ti le llevana de ilusión

besos

Rubén dijo...

Pues para no saber escribir, escribes muy bien. Excelente relato, me ha gustado mucho.
Un saludo!

pazzos dijo...

Uno de los libros que más me han marcado es "El barco de la Muerte" de Bruno Traven. Es difícil encontrar, (salvo el Tesoro de Sierra Madre) libros de Traven en España. ¿Me recomiendas Macario o es sólo un libro infantil?

Todos recordamos como aprendimos a leer. En parvulitos nos enseñaban con la Cartilla Paláu. En un mes terminé las tres cartillas y como la "Seño" no me proporcionó más material, tuve que satisfacer mi adicción leyéndome el arduo prólogo:
"La cartilla Paláu es un método fotosilábico de aprendizaje de la lectura y la escritura..."
Casi lo aprendí de memoria, aunque tardé mucho tiempo en entender que era eso de fotosilábico...

También recuerdo,con mayor amargura, cuando aprendí a escribir.


ZURDOS
Fue una mañana
de gritos y amenazas.
También creo recordar
alguna bofetada
(la más injusta
que he recibido nunca)

Desde aquel triste sábado
grabado en mi memoria
mi manca mano izquierda
jamás ha escrito nada.




Un saludo.

jrnCalo dijo...

Clarice no se que decirte la verdad- ¡Me abrumas! ¡Me das unos sustos de muerte!
De acuerdo amas los libros
yo también y la lectura, yo también, leemos más que escribimos, yo también... ¡pero no me digas que estás ciega y que tienes 75 años porque me matas!
No me importa que tengas 75 años pues mi deseo es llegar más allá de esa edad paseando por la orilla de la playa y por el bosque!la verdad es que me desconciertas, pero bueno que le voy a hacer?
De todas formas yo sigo admirando tus palabras y sentimientos y tu manera de ver el mundo!!!!
"Es verdad"
Cuando era un niño Alberto Cortez cantaba mucho en tv española, hace muchos años que no le veo y no lo escucho nada por eso no pude opinar!
Oye y dime algo?
Que me dejas...helado!
Besos!!!!!

azzura dijo...

Es un sueño verdad?? un producto de tu imaginación... o no? me dejas dudando, me parece real (aparte de muy bello) pero por otro lado me desconcierta porque yo te imagino de otra forma;)
En cualquier caso es una delicia leerlo Clarice

Un besito reina y que tengas un buen finde

Rosa Silverio dijo...

Uno de tus posts más conmovedores, sensibles, humanos y poderosos.

Me encantó y me tocaste muy hondo. Pude verte de niña robándole las letras a tu hermano, pude verte leyendo todo el tiempo.

También tus ojos son mis manos.

Enhorabuena, Clarice.

Me quedaré con tu post para leerlo siempre.

pies diminutos dijo...

Clarice, aún estoy temblando... un post conmocionante, de una sencillez y belleza increíble, y con una historia que tardaré en olvidar!

Ahora entiendo el nombre de tu blog!

Bohemia dijo...

Con este texto me quito el sombrero, que bonito...

Abrazos y cariños!

Javier dijo...

Pero, Clarice, escribes tan bien... la verdad es que subestimas tu oficio. Me ha gustado este post que has escrito.
Abrazos,

Javier

La hormiguita dijo...

Simplemente genial.
Saludos

Silvia dijo...

Clarice, con este relato me has llegado muy hondo. Logras a través de él retratar perfectamente el alma infantil, ese alma que nunca nos abandona por mucho que lo intentemos y es la que nos hace seguir ilusionándonos y asombrándonos con cada cosa.
Gracias por regalar tus preciosas palabras a mi alma infantil.
Muchos besos

MENS REA dijo...

Es bonito recordar una infancia leyendo...creo que actualmente pocos niños recordarán su infancia así. A mí me encantaba perderme en la librería cuando mi madre me daba carta blanca para escoger libros. Volvía a casa feliz, con aquel libro debajo del brazo, cual tesoro...los conservo absolutamente todos.
De todas formas...creo que tú misma fuiste quien te enséño a escribir...y lo hiciste muy bien. FELICIDADES POR EL POST.

Chamila dijo...

Ya nos encontraremos en algún punto de la tierra y nos miraremos con sonrisas del Caribe.

Cariñitos y besos para la niña de las palabras.

Eleonaí dijo...

Hola Clarice:

Bello texto. Una evocación y homenaje al placer de la lectura.

Me gustó la conjugción verbal leyendo.

Te sigo leyendo...

Tarí Alcarin dijo...

Me he deleitado con tus letras Clarice. Genial!

Besitos.

Anónimo dijo...

Clarice, sencillamente me has emocionado. Esto es, diste en el blanco: la palabra escrita siempre busca ser un dardo dirigido al centro de la emoción del receptor. Esta interacción escritor/lector quizás sea la razón de ser esencial de la literatura. Muchas gracias por estar ahí. Con sincero afecto. Eber.

NADIE dijo...

Me congratula el saber que me regalas con tu mirada, tan valiosa.

Con Dios.

Anónimo dijo...

he vivido leyendo...
tus palabras son tus ojos, es nuestro turno de leerte...
un abrazo

Anónimo dijo...

Me ha encantado. Me ha emocionado. Es uno de esos ports que se quedan en la memoria, retumbando hasta un rato despues,en forma de ondas concentricas, como si fuera un eco.
Mis felicidades y mi admiracíón,Clarice.

Rafael de la Reina dijo...

El usuario anónimo soy yo, Rafael de la Reina. Me olvidé de poner el nombre.
Besos.

® dijo...

Sin duda las letras podrían contar nuestra historia, como la de ella.

Me ha encantado el relato. Saludos :)

||| hamahiru ||| dijo...

Clarice, exactamente no recuerdo, por no poder presumir de buena memoria, cuantas relatos e historias te he leído. De lo que sí que puedo decir con total seguridad es de que ésta, ha sido la que más fuerza desprende y más me ha llegado al ser leída. Es una opinión totalmente personal, sin base académica alguna, pero con varios años de lector y "contador de instantes"... Gracias.

Umma1 dijo...

Mujer esta es una joya.
Felicitaciones.
Siempre lo que publicás es bueno, pero este texto es extraordinario.

Me conmovió hatas las lágrimas.

(F)

Gatito viejo dijo...

Leo y releo tu historia y cada vez me gusta más. Es tan perfecta, tan emotiva, tan cargada de aciertos. No podría dejar de leer tus historias, se han hecho para mí imprescindibles, sin ellas es como si me faltara el aire. Con ellas es como si el sol no dejara nunca de brillar.
Mis felicitaciones, de veras,por "las palabras son mis ojos" esta historia ha sido algo especial.
Un abrazo.